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10 oct. 2013

La Pirámide de la Alimentación Ancestral y los Cinco Elementos




Esta es la pirámide alimentaria en base a la Dieta Seignalet, la teoría de la ancestralidad de los alimentos, y los cinco elementos de la medicina tradicional oriental.
La teoría de la dieta ancestral está basada en la evolución y el desarrollo del ser humano, y los múltiples e importantes cambios que ha sufrido la alimentación humana a lo largo de los tiempos; desde nuestros orígenes en el agua, nuestra adaptación terrestre en los bosques, la era como cazadores-recolectores, y el reciente desarrollo de la ganadería y la agricultura.



Hoy se habla mucho acerca de las propiedades preventivas y curativas del agua de mar. Aunque personalmente todavía no he experimentado en este ámbito, según se dice, en oriente, 2500 años antes de Cristo, el emperador Fu-Shi, ya recomendaba agua de mar, algas marinas y sales marinas para recuperar la salud y conservarla. Las huevas y las algas son alimentos muy sanos y nutritivos, recomendados sobre todo en personas enfermas y también en mujeres embarazadas y lactantes.  Las algas alcalinizan, ayudan a eliminar toxinas, y son muy nutritivas, ricas en vitaminas, minerales (especialmente en calció y hierro), y  y fibra necesarios para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Personalmente, prefiero las algas que puedan consumirse crudas (con previo remojo), ya que así sus propiedades no se ven alteradas por la cocción, manteniéndose intactas.

Por el estudio de nuestra fisionomía, y la comparación con la de otros animales muy similares a nosotros, sabemos que los alimentos del elemento madera (color verde) habrían conformado la base de la alimentación humana durante mayor tiempo en nuestra evolución (a excepción de la alimentación marina), por eso son tan apropiados para nosotros. Las frutas y verduras contienen aproximadamente un 90% de agua, que es la base de nuestra alimentación, y contribuyen a mantener limpios nuestros órganos. Las frutas, dependiendo cómo las comamos, pueden ser un alimento medicamento, o al contrario, casi un veneno. Al ser ricas en agua y poco fibrosas, los jugos gástricos se diluyen. El vinagre y las frutas ácidas inhiben la enzima ptialina de la saliva, estropeando la primera etapa de la digestión de los carbohidratos. Las frutas dulces tampoco deben comerse junto con otros alimentos, ni siquiera varias horas después de una comida copiosa, ya que estropearán la digestión, fermentando los alimentos en el tubo digestivo, pudiendo generar alcoholes, gases, diarrea, etc. Por lo tanto el mejor momento para tomar la fruta es por la mañana, ya que habremos pasado la noche sin comer nada. Las semillas oleaginosas (por su aceite) hay que comerlas crudas, (mejor tras unas horas en remojo), de otra manera, resultan indigestas y hasta perjudiciales.

Los alimentos del elemento fuego (color rojo) una vez cocinados son especialmente perjudiciales, así que, o bien los consumimos crudos, o bien cocinados a baja temperatura y por poco tiempo. Las carnes de mejor calidad hoy por hoy, son la de caballo y cordero. El conejo, el pollo, el cerdo y la ternera, son animales más explotados, y por ello peor alimentados y más medicados, por ello mejor no comerlos, o comerlos en poca cantidad; a no ser que estén criados de manera natural o ecológica. El pescado aunque es un alimento que pertenece al elemento agua (color negro), es incluido en el rojo porque nuestros ancestros seguramente no comieron pescado en grandes cantidades hasta desarrollar métodos de pesca, al menos los más rudimentarios. Aunque gran parte del pescado de mar que consumimos hoy en día puede estar contaminado, siempre es preferible al producido en piscifactorías, alimentados a base de piensos compuestos. Hay que revisar siempre el pescado por si tuviese anisakis, en tal caso, lo mejor es no consumirlo. Los huevos son un super alimento, siempre que sean de gallinas criadas en libertad, o en su defecto huevos ecológicos, y que se consuman crudos, o como mucho, pasados por agua. Los productos lácteos pasteurizados, o peor, uperizados (UHT), son perjudiciales para la salud, así que mejor no consumir productos lácteos, a no ser que sean crudos, aún mejor si son ecológicos.

Los defensores de las dietas vegetarianas tienen razón en poner por delante el consumo de cereales y legumbres antes del de los productos de origen animal para el mantenimiento de una buena salud, siempre y cuando se hable de carnes procedentes de granjas industriales o similares, y/o que hayan sido demasiado cocinadas. Salvo excepciones (personas con un sistema digestivo debilitado), las legumbres se pueden consumir varias veces a la semana sin ningún problema. Los granos y cereales más beneficiosos son el arroz integral y el trigo sarraceno o alforfón, pues son los granos menos degenerados. Están contraindicados el trigo, el centeno, la cebada y la avena, así como todos sus derivados, ya que suelen generar reacciones alérgicas a nivel interno.

Los aceites de oliva, sésamo, o girasol, son muy beneficiosos, pero sólo si son de primera presión en frío (o virgen extra), que han de consumirse crudos, no calentados y menos aún fritos. Hay que desconfiar de los aceites refinados, y de las grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas.
Especias pueden consumirse todas, aunque el picante está contraindicado en problemas de la vesícula, hemorroides, enfermedades de la piel como eccemas o urticaria, o en caso de úlceras estomacales e intestinales.

Así que, esta pirámide, sin pretender ser la verdad universal o una regla aplicable a todas las personas y casos, es una guía acerca de la proporción en la que podríamos consumir los alimentos que la naturaleza nos proporciona. Estas indicaciones no sólo ayudan a prevenir cualquier tipo de enfermedad, si no que en muchos casos, supondrán una remisión parcial o total de gran número de patologías y enfermedades agudas y crónicas, siempre y cuando se tengan en cuenta las indicaciones antes descritas.

- Miguel Ángel Galdón.

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